La traducción y el IVA
- Intereses sobre la deuda si se aplazan los pagos (y puede que no te quede más remedio que hacerlo). Hacienda gana una fortuna con los aplazamientos y aunque Zapatero diga en la sesión de control del gobierno “qué buenos somos porque hemos aplazado las deudas a las PYMES” en realidad es una vía más de recaudación para el gobierno.
Por último, pienso que el hecho de obligar a todos los autónomos a pagar IVA es contraproducente, y la situación de España lo demuestra. Por una parte, porque poca gente se anima a hacerse autónoma o montar una empresa: hay mucho papeleo, muchos impuestos y pocas ventajas, al menos como persona que inicia la actividad. Por otra parte, a los que ya están dados de alta y pagando IVA el hecho de que exista este impuesto supone un freno a su actividad. Supongamos que mañana me ofrecen una traducción de 20.000 euros. Puede que ni la aceptara porque tendría miedo de un impago y, en el caso de impago, no solo no cobro mi trabajo sino que – encima – me convierto en deudor frente a Hacienda de la cantidad “facturada” por la traducción (y es difícil convencerles de que no has cobrado y de que te reintegren el dinero por facturas pasadas a pérdidas).
¿Cómo se puede reducir la cantidad de IVA a pagar?
Si un traductor ha facturado 1.000 euros en un mes, tendrá que ingresar en Hacienda el 18% (180 euros). Para pagar menos, puede hacer dos cosas:
1. – Realizar gastos relacionados con su actividad
Los gastos relacionados – compras de diccionarios, cartuchos de impresora, teléfono y adsl, móvil… Y cualquier otro gasto justificable relacionado con la actividad (es complicado) se pueden “descontar” de la factura del IVA. ¿Cómo? Si me gasto 500 euros habré pagado 90 euros de IVA. Entonces me tocará pagar:
180 IVA cobrado a clientes – 90 IVA pagado por gastos =90 (IVA a ingresar en Hacienda)
Si te interesa leer más sobre gastos desgravables, puedes leer este mini-post-medio-diatriba que redacté para mi blog de Qapacity.
Problemas: hay muchos vendedores (pequeñas tiendas, etc.) que no dan facturas con IVA o que tratan de hacer todo lo posible para no darlas y solo te dan un ticket de caja que no te vale para el IVA. Hay gastos que no cuentan para el IVA. Hay gastos que aunque a nosotros nos parece que están relacionados con la actividad, luego vamos al gestor y nos dice que no, que esto no te vale por A y por B. Todo lo que se compra online, por ejemplo, rara vez cumple los requisitos para la validez a efectos de desgravación e IVA repercutido…
Ejemplo de ello son las compras en Google (Google Ads) y Facebook (anuncios) que no dan facturas con IVA. Google dice que el usuario es responsable de ingresar su propio IVA, aunque el procedimiento para hacerlo no está claro. Y Facebook va un paso más lejos y dice: “lo lamentamos, pero en estos momentos no nos es posible dar ninguna factura“. Así se monta un imperio en Internet.
2.- Trabajar más para clientes extranjeros (y clientes en las Islas Canarias)
Es una solución para no acabar “en la ruina” al final de cada trimestre. Al facturar para clientes extranjeros, no cobramos IVA a estos clientes y por tanto es “un respiro” no tener que adelantar el IVA de estas facturas. Por eso muchos traductores tratan de buscar clientes fuera de España que – además – en muchos casos pagan mejores tarifas que los clientes nacionales. Por último, las facturas para Canarias no llevan IVA porque en Canarias pagan otro impuesto y no pagan IVA sobre las compras realizadas en la Península.
3.- Irse de España
Algunos traductores han preferido instalarse en el extranjero antes que darse de alta en España. En otros países resulta más beneficioso empezar una actividad que en España y en Francia, Alemania y Reino Unido hay unos mínimos de facturación antes de empezar a tener que pagar el IVA. En Alemania existen los Kleinunternehmer, en Francia los Auto-entrepreneur y Micro-enterprise y en Reino Unido no se empieza a pagar IVA una determinada cantidad de libras de facturación anual.
Por otra parte el nivel de burocracia y papeleo (“red tape“) de otros países es inferior al de España que, en lo que impuestos se refiere, es uno de los peores en Europa (y prueba de ello es que en España hay una gestoría fiscal en cada esquina).
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