La pequeña bailarina de Degas: historia de una obra revolucionaria
Cuando Edgar Degas presentó Petite danseuse de quatorze ans en París en 1881, la escultura desconcertó a buena parte de la crítica. No se parecía a las figuras idealizadas que el público esperaba encontrar en una exposición de arte: representaba a una adolescente real, vestía prendas auténticas y estaba modelada principalmente en cera.
La obra, conocida en español como La pequeña bailarina de catorce años, terminó convirtiéndose en una de las esculturas más reconocibles del siglo XIX. Sin embargo, su historia es bastante distinta de la imagen delicada y sentimental que actualmente suele asociarse con ella.
¿Quién era la pequeña bailarina?
La modelo fue Marie van Goethem, una alumna de aproximadamente catorce años de la escuela de ballet de la Ópera de París. Procedía de una familia trabajadora: su padre era sastre y su madre, lavandera.
Degas acudía con frecuencia a los ensayos y realizó numerosos dibujos y estudios de Marie antes de modelar la escultura. La representó de pie, con las manos entrelazadas detrás de la espalda, la cabeza elevada y un pie adelantado en una posición de ballet.
No adoptó una postura espectacular ni aparece bailando ante el público. Es una estudiante en un momento de espera, práctica o concentración.
Las jóvenes bailarinas de la Ópera de París
En el París del siglo XIX, muchas alumnas de ballet procedían de familias con pocos recursos y comenzaban su formación siendo muy jóvenes. El trabajo era exigente, estaba mal pagado y no ofrecía ninguna garantía de alcanzar una carrera profesional.
Además, algunos abonados adinerados de la Ópera podían acceder a determinadas zonas situadas detrás del escenario. Esta relación desigual exponía a las jóvenes bailarinas —conocidas despectivamente como petits rats de l’Opéra— a presiones y posibles abusos.
Este contexto ayuda a entender la obra, pero debe explicarse con cautela. No todas las bailarinas ejercían la prostitución ni existe constancia de que Degas quisiera presentar a Marie como prostituta. La escultura muestra a una adolescente perteneciente a un entorno laboral vulnerable, sin convertirla en una figura idealizada.
Una escultura hecha de materiales insólitos
La obra que Degas presentó en 1881 no era la estatua de bronce que hoy se encuentra en numerosos museos.
El original estaba construido alrededor de una estructura interna de metal y contenía madera, cuerda, arcilla y hasta pinceles reutilizados. Sobre esta base, Degas aplicó capas de cera de abeja pigmentada.
También incorporó materiales reales:
- Una peluca de cabello humano.
- Un corpiño de algodón.
- Un tutú de tela.
- Zapatillas de lino.
- Una cinta de seda en el cabello.
La combinación de escultura, ropa y cabello auténticos producía un efecto extraordinariamente realista. Para el público de la época, la figura podía parecerse más a una persona embalsamada, una figura de cera o un ejemplar científico que a una escultura tradicional.
¿Por qué provocó tanto rechazo?
La escultura se presentó en la sexta exposición impresionista de 1881. Algunos críticos atacaron tanto su aspecto como sus materiales.
Degas no había embellecido las facciones ni las proporciones corporales de la modelo para adaptarlas a los cánones académicos. La representó con brazos y piernas delgados, el vientre ligeramente redondeado, el rostro ancho y la barbilla elevada.
Algunos comentarios de la época llegaron a interpretar sus rasgos mediante teorías pseudocientíficas que pretendían relacionar el aspecto físico con la delincuencia o la supuesta degeneración moral. Estas reacciones revelan tanto los prejuicios sociales del momento como el carácter innovador de la obra.
La vitrina de cristal también contribuyó a la impresión de estar contemplando un espécimen. No obstante, no fue una decisión adoptada por unos organizadores ajenos a Degas: según el Museo de Orsay, el propio artista quiso que la figura se mostrara de este modo.
Una obra única durante la vida de Degas
Aunque Degas creó numerosas figuras de bailarinas, mujeres y caballos en la intimidad de su estudio, La pequeña bailarina de catorce años fue la única escultura que expuso públicamente durante su vida.
Tras la exposición de 1881, la obra regresó a su estudio. Cuando el artista murió en 1917, sus herederos encontraron alrededor de 150 esculturas de cera o arcilla, muchas de ellas deterioradas.
La familia encargó posteriormente la fundición en bronce de las piezas que podían soportar el proceso. Por eso existen ejemplares de La pequeña bailarina en diferentes museos, aunque Degas solo modeló una figura original.
La escultura de cera realizada por sus propias manos se conserva en la National Gallery of Art de Washington. El Museo de Orsay, el Metropolitan Museum de Nueva York y otras colecciones poseen fundiciones posteriores en bronce.
¿Cómo se traduce el título?
El título francés es Petite danseuse de quatorze ans. En español suele traducirse como La pequeña bailarina de catorce años, aunque también se emplean formas más breves como La pequeña bailarina.
En inglés conviven títulos como Little Dancer Aged Fourteen y The Little Fourteen-Year-Old Dancer. No se trata necesariamente de obras diferentes: las instituciones pueden utilizar traducciones distintas para referirse al mismo modelo de Degas o a sus fundiciones posteriores.
Este ejemplo muestra una dificultad frecuente en la traducción artística. Traducir el título de una obra no consiste únicamente en trasladar las palabras: también hay que comprobar la denominación utilizada por cada museo, distinguir entre el original y las reproducciones y evitar crear la impresión de que existen obras diferentes.
De obra rechazada a icono del arte
La percepción de la escultura cambió radicalmente durante el siglo XX. Lo que en 1881 se consideraba desagradable o impropio de una obra de arte pasó a valorarse por su realismo, sus materiales y su forma de representar una vida alejada de los escenarios idealizados.
Actualmente, la figura puede parecernos frágil, orgullosa o decidida. Su postura no ofrece una interpretación única. Precisamente ahí reside buena parte de su fuerza: Marie van Goethem no aparece convertida en una alegoría ni en un personaje sentimental, sino como una joven concreta situada ante la mirada del espectador.
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